Aquí os dejamos un artículo publicado por El Mundo del periodita Carlos Fresneda el 1 de octubre de 2012. 

LA TRANSICIÓN HACIA LAS "ECOCIUDADES"

En un pueblo de 7.000 almas, entre las bucólicas colinas de Devon, se está cociendo desde hace siete años una revolución pausada y silenciosa. Cualquiera que llegue por primera vez a Totnes, no notará posiblemente la diferencia: los coches siguen circula

ndo entre los caserones de piedra y –como los propios vecinos advierten– «aún no tenemos a las cabras pastando en los tejados verdes».

Remontando High Street, sin embargo, uno empieza a notar que algo está ocurriendo realmente en Totnes… En plena crisis, aquí tenemos la explosión de pujantes comercios locales. Muchos de ellos admiten el pago con la divisa autóctona, la libra de Totnes. Los 40 cafés locales han hecho piña para evitar la apertura de cadenas multinacionales. Y los vecinos han sido capaces de organizarse, calle a calle, para llenar los tejadosde paneles solares.

La semilla del cambio se plantó hace tiempo en Totnes. Hace casi un siglo, Dorothy y Leonard Elmhirst levantaron muy cerca su utopía rural, en lo que hoy es el Dartington Hall y el Schumacher College. El pueblo fue siempre uno de los puntales del pensamiento progresista y de la busca de otros estilos de vida. Pero el auténtico catalizador ha sido el movimiento de la Transición, que nació aquí en 2005 y que se ha propagado ya por 34 países con su mensaje de regeneración energética, económica y social.

«El sistema con el que funcionamos ha entrado en un callejón sin salida», advierte Rob Hopkins, permacultor y cofundador del movimiento, que decidió trasplantar a Totnes el experimento tras los primeros pasos en Kinsale (Irlanda).

«La era del crecimiento ilimitado y el petróleo barato ha tocado a su fin. Y el problema es que no tenemos a mano una alternativa».

«Con la Red de Transición estamos intentando crearla con un abanico de ideas e iniciativas desde lo local», advierte Hopkins. «No tenemos las soluciones, pero las estamos buscando. El objetivo es crear comunidades resilientes en cualquier parte del mundo. Cada país y cada cultura lo está adaptando a su manera y con sus propios ingredientes».

Planes de descenso energético. Cooperativas de energía solar.Monedas complementarias. Apoyo a la emprendiduría social. Impulso de la agricultura urbana… El movimiento que nació como Transition Towns, como respuesta a los retos del cambio climático y del pico del petróleo, se ha adaptado a los tiempos que corren y a la necesidad de respuestas ante la crisis.

Reconomy Project, el proyecto para regenerar la economía, es precisamente el reclamo de la conferencia anual que se celebra este fin de semana en Londres y a la que asisten los miembros de los más de 200 grupos británicos de transición, más 60 representantes del movimiento en otros países, entre ellos España.

Juan del Río, gestor y formador ambiental, cofundador de Transición Sostenible, ha disertado en Londres sobre el papel del movimiento «en tiempos de austeridad». «Hay un gran interés y una lógica preocupación por todo lo que está pasando en el sur de Europa», admite Del Río. «Lo cierto es que en España están surgiendo muchas iniciativas ante la crisis, de cooperativas integrales a redes de intercambio y monedas sociales. La Transición aspira a ser el puente entre estas islas, el catalizador que necesitamos para estar conectados y poner las ideas en acción».

En España hay ya entre 25 y 30 grupos de transición, de Barcelona a Madrid, de Valencia a Bilbao, de Coín a Vilanova i la Geltrú. La primavera pasada se celebró el primer encuentro nacional en Zarzalejo (Madrid), y con el impulso de la portuguesa Filipa Pimentel –que coordina desde Bruselas todos los hubs repartidos por el mundo– la nueva transición ibérica está tomando fuerza y forma.

«Transición es una palabra positiva para nosotros, por todo lo que implica de cambio y apertura», sostiene Juan del Río. «Está claro que en el sur de Europa necesitamos pasar a la acción con respuestas desde lo económico. Pero tenemos que hacer al mismo tiempo un esfuerzo de transición personal. Quienes buscamos alternativas hemos estado muy desunidos hasta la fecha: hay que aceptar que las diferencias son nuestra fuente de diversidad».

Una reciente película, Transition 2.0, da cuenta del efecto multiplicador del movimiento, de Nueva Zelanda a India, pasando por Japón, Brasil o Italia (donde el ayuntamiento de Monteveglio ha adoptado públicamente la primera «resolución de transición»).

En Gran Bretaña, el movimiento ha saltado de los pueblos a las grandes ciudades: en Londres existen ya 40 grupos de transición, conectando los grandes barrios y promoviendo iniciativas de eficiencia energética, autonomía alimentaria o dinero local, como la emblemática libra de Brixton. Una ciudad de medio millón de habitantes, Bristol, ha dado un gran impulso al movimiento este año con la adopción de su propia divisa electrónica y complementaria que aspira a reactivar la economía local.

«Experimentamos haciendo: no esperamos a que nadie nos dé permiso », advierte Ben Brangwyn, cofundador del movimiento. «No tenemos una receta mágica para el cambio, y hemos comprobado que la misma fórmula no funciona en todas las partes del mundo. Pero la red se está propagando cada vez más rápido. Del intercambio de experiencias está surgiendo un poder transformador que antes no teníamos».

Rob Hopkins, cofundador de Transition Towns, ha acuñado un lema infalible para pasar a la acción: «Si esperamos a que actúen los Gobiernos, será demasiado tarde. Si tomamos la iniciativa individualmente, será demasiado poco. Pero si actuamos en comunidades, probablemente será suficiente y a tiempo». Hopkins reconoce que la transición a un nuevo modelo económico y energético debería haber comenzado hace tres décadas, «pero aún estamos a tiempo de evitar el colapso actuando desde lo local y construyendo economías resilientes». «Soy un gran creyente en el potencial del ser humano», asegura.

Carlos Fresneda

Os dejamos con este artículo de Pau Llop de su blog el COLaboratorio, sobre economía alternativa.

En Tarifa tenemos ya un Banco de Tiempo y utilizamos el ECO como moneda alternativa. Por ahora sólo de uso interno entre los socios de la cooperativa. Esperemos que pronto se expanda a otros establecimientos.

¿El dinero es un problema? Cómo crear una moneda social

Billete de 10 Brixton Pounds, una moneda social del distrito londinense de Brixton. Fuente: ComplementaryCurrency.org

Billete de 10 Brixton Pounds, una moneda social del distrito londinense de Brixton. Fuente: ComplementaryCurrency.org

¿A quién pertenece el billete de 10 euros que -con suerte- llevas en la cartera? ¿Y los millones que centrifugan día a día las sicav? La respuesta obvia sería que a sus respectivos poseedores (tú y otros, respectivamente). ¿Y la correcta? Para conocerla primero tenemos que responder: ¿huevo o gallina, creador o poseedor? Y la respuesta es un huevo igual de lustroso que el de los derechos de autor y la música, por ejemplo. El dinero no pertenece a quien lo posee, sino a quien lo “crea”.

En el caso del euro, como sabemos, es el Banco Central Europeo quien cumple esa función. Antes de 2002, nuestro Banco de España lo era de la peseta. En EE.UU. lo es la Reserva Federal, que además es una institución directamente privada. Todas ellas, hoy, entidades como mínimo en tela de juicio. En algunos casos por ocultismo, en otros por ser claramente “partisanas” de determinados intereses y en otros por ser directamente chapuceras en la gestión de sus responsabilidades (adivinen).

Más allá de la catarata de motivos para pensar en alternativas a este dinero, digamos, “tradicional”, y a la que cada ciudadano podría añadir su propia gota, la realidad es que las monedas sociales, al margen de estas instituciones, florecen al calor de la hoguera de la crisis.

Las monedas sociales (también llamadas locales, alternativas o complementarias)   son una herramienta que nos permite registrar los intercambios en una determinada zona para crear con ellos un
sistema económico alternativo y permanente que permita, en mayor o en menor medida, prescindir de la moneda “oficial”. No obstante esto último no siempre es un objetivo en los miles de sistemas monetarios comunales que ya existen por todo el mundo.

Y en nuestro país. En el siguiente mapa elaborado por Vivirsinempleo.org para su informe sobre la situación de las monedas sociales en España a abril de este año, vemos como no es precisamente un fenómeno aislado:


Ver Bancos de Tiempo y Monedas Sociales en España en un mapa más grande

Por ejemplo, en una ciudad tan duramente castigada por el paro como la gaditana Jerez de la Frontera existe desde hace ya cinco años el Zoquito , y en zonas como Valencia funciona el Sol , una moneda en forma de cartilla basada en el sistema francés SEL , en funcionamiento desde hace 25 años en varias regiones del país vecino.


Aunque como podemos ver en la presentación de arriba existen muchas formas de pensar y organizar un sistema de moneda social en función de cuáles son los objetivos de sus impulsores, en general sí podemos determinar la chispa, el origen de casi todos ellos: la exclusión del sistema oficial del dinero que padecen ciertos sectores sociales, cada vez más amplios.

A ello se suma la constatación de que siendo ya la moneda tradicional una representación fiduciaria del dinero (hace mucho que no está respaldada por metales como el oro, sino por la confianza de los mercados en su “creador”), el dinero social “solo” necesitaría lograr constituir una red de confianza mutua muy fuerte entre sus usuarios-poseedores para existir y crear una economía al margen de la esencia capitalista.

Las comillas del “solo” valen su peso en oro, nunca mejor dicho, porque crear una moneda social no es tarea fácil, mucho menos en esta era de la inmediatez para todo y los resultados para ayer. Se necesita paciencia, tesón y muchas cosas más. Pero se puede, y puede salir muy bien. La activista Mira Luna publica recientemente en Shareable una serie de consejos para lanzarse a crear una moneda social. Vale la pena porque la chica no solo conoce el sector (sí, ya lo es) del ‘Community Currency’, sino que además tiene experiencia propia directa en dar forma a billetes cuyas ‘caras’ podríamos ser tú o yo.

Los consejos de Mira Luna:  

 

  • Equipo . Es importante que el grupo impulsor de la nueva moneda sea eso, un grupo y no un individuo “iluminado”, y que además sus miembros se lleven muy bien. Éstos deben compartir valores y objetivos, aunque el proyecto de moneda se planifique en varias direcciones.
  • Definir los objetivos y priorizarlos bien . ¿Qué se quiere conseguir con la moneda, ayudar a los comercios locales o a los vecinos con bajos ingresos? ¿Favorecer el transporte privado compartido o la atención a personas mayores sin muchos recursos? Hay que listar todos los objetivos, comprobar que no son autoexcluyentes y priorizarlos. Serán la brújula para desarrollar el proyecto.
  • Escoger la herramienta y asegurarse de que es fácil de usar. La moneda impresa no siempre es una solución adecuada para todos. Es posible que según el objetivo, sea más útil, por ejemplo, una plataforma digital de intercambio o cualquier otro medio de los que hemos visto en la presentación de Julio Gisbert .
  • Conocer a la comunidad, a los vecinos , a los que van a ser los usuarios y poseedores de la moneda social. Si la mayoría de tus vecinos son personas mayores, quizá no es buena idea usar un sistema digital, por ejemplo. Diseña el plan pensando en ellos, no en tu “ideal”. Si puedes, haz focus groups con tu público objetivo y tus stakeholders (comercios locales, asociaciones culturales, ayuntamiento, etc.).
  • Hacer los “deberes” y conseguir un mentor. Fíjate en la experiencia acumulada y benefíciate aprendiendo de ella. Presta atención a otras monedas, habla con sus impulsores, estate al día. Aquí puedes conocer quiénes están haciendo ya cosas y aquí de la actualidad del ‘sector’ del community currency.
  • Definir bien la estructura de organización y de ‘gobierno’ de la nueva moneda . La credibilidad, la confianza, como vimos arriba, son el verdadero capital de la moneda. Pretender que esta “funcione sola” gracias al “espíritu constructivo y buena fé” de la comunidad es una bonita teoría pero no ocurre en la realidad. Por ejemplo, en este punto tienes que decidir si el nuevo sistema monetario tiene o no ánimo de lucro (el oficial lo tiene) y cuáles son las reglas, quiénes, cuándo y cómo se toman las decisiones.
  • Concretar el área geográfica , dónde va a circular la divisa.  Lo ideal sería una área lo suficientemente diversa como para darse en ella la mayor parte de las necesidades que hacen necesario el dinero, y lo suficientemente pequeña como para permitir el intercambio directo y la construcción de comunidad y responsabilidad compartida.
  • Difundir a través de eventos . Debemos pensar en nuestro público usuario y acudir donde están. Reuniones para intercambios y trueques y/o eventos para compartir habilidades (cursos y talleres de cualquier tipo) son útiles demostraciones de la moneda que la revisten de un pragmatismo necesario para que sea percibida como útil, indispensable para que se extienda su uso.
  • Desarrollar alianzas y tomárselas muy en serio . Hay que buscar organizaciones que nos ayuden a reclutar miembros del equipo impulsor y/o usuarios de la moneda. Establecer alianzas programáticas que aporten valor a ambos, que eleven su estatus y su reputación social. Por ejemplo, buscar en el área geográfica de circulación una institución especialmente arraigada socialmente. En un lugar puede ser la parroquia y en otro una organización juvenil. También empresas privadas o cooperativas de trabajadores. La base es el win-win. Una buena manera de construir una alianza de este tipo es presentando la moneda al equipo/staff de dicha organización y preguntarles qué necesidad les gustaría cubrir con la nueva divisa, como por ejemplo, una nueva página web para la entidad. La hacemos nosotros y les cobramos ya con la nueva moneda. Hay miles de ejemplos para cada caso.
  • Mantener la circulación de la moneda .  “Aquí es donde muchas monedas sociales han sucumbido”. Lo dice uno de los mayores estudiosos de este sistema, Bernard Lietaer , quien además conoce muy bien el otro lado porque participó en su día en el diseño del euro. Según este economista, muchas comunidades olvidaron cerrar patrones completos de circulación y ello propició que la moneda tendiera a acumularse en partes concretas del sistema, restándole relevancia y confianza. Para mantenerla fluyendo, hay que identificar en la comunidad de usuarios sus necesidades no satisfechas y sus recursos infrautilizados, especialmente aquellos que no están atendidos por el sistema convencional. Trabajar en la circulación significa crear maneras de acumular y canjear moneda. Por ejemplo, un inmigrante que acaba de ser desposeído del derecho a la atención sanitaria y un médico que puede cambiar la moneda en, por ejemplo, productos de la ONG que está ayudando a esa persona.
  • Usar la moneda para financiar la propia moneda . Los gobiernos lo hacen, y a unos elevados intereses que pagamos todos, en España en forma de recortes sociales. Nosotros podemos hacer lo mismo, pero además creando impacto social positivo en lugar de negativo. Usemos la nueva moneda para pagar al personal, recompensar a los voluntarios, organizar los eventos o sufragar el marketing. Financiar el propio proyecto de esta forma es también una buena práctica para aprender a usar la moneda.
  • No rendirse pero estar dispuesto a cambiar de dirección en cualquier momento. Las monedas sociales nuevas necesitan por lo menos unos cuantos años para establecerse. Mientras tanto, podrás divertirte, hacer amigos y conseguir cubrir algunas necesidades de sus primeros usuarios. Hay que auditar al máximo esos primeros usos para confirmar (o no) que se van cumpliendo los objetivos que se establecieron al principio y cambiar la estrategia si fuera necesario.


Si realmente estás dispuesto a intentarlo, aquí va una guía de como diseñar el lanzamiento de una nueva moneda social y aquí otra mucho más exhaustiva sobre todos los puntos clave a tener en cuenta en el proceso (ambas en inglés). Si el dinero es de quien lo crea, cambiar las reglas es posible.

- SOBERANÍA ALIMENTARIA: Es un concepto que fue introducido con mayor relevancia en 1996 por Vía Campesina en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Se entiende como la facultad de cada Estado para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria. Ello implica la protección del mercado doméstico contra los productos excedentarios que se venden más baratos en el mercado internacional, y contra la práctica del dumping. Este nuevo concepto, constituye una ruptura con relación a la organización actual de los mercados agrícolas puesta en práctica por la OMC. En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen. Resalta la relación que tiene la importación de alimentos baratos en el debilitamiento de producción y población agraria locales.
La soberanía alimentaria no niega el comercio internacional, más bien defiende la opción de formular aquellas políticas y prácticas comerciales que mejor sirvan a los derechos de la población a disponer de métodos y productos alimentarios inocuos, nutritivos y ecológicamente sustentables.

Manifiesto

POR LA SOBERANIA ALIMENTARIA EN EUROPA YA!
Nyeleni Europa 2011, Primer Foro Europeo para la Soberanía Alimentaria
Krems, 21 de agosto 2011
Europa está experimentando los primeros ajustes estructurales que los gobiernos europeos
están imponiendo a su población, y que hasta ahora solo habían sido implementados en otras regiones del Sur, con el único interés de salvar el capitalismo y sus grandes beneficiarios (la banca privada, los grupos inversores y las grandes corporaciones). Y todo hace pensar que en los próximos meses estas políticas antisociales se endurecerán y extenderán. Ya tenemos aquí, también, las primeras movilizaciones generales para advertir y denunciar los sistemas económicos y de gobernanza que nos han conducido a este escenario. Y entre los diferentes espacios de resistencia y transformación, se presenta de manera creativa y enérgica, la respuesta de los movimientos sociales europeos preocupados por un modelo de agricultura global que es reflejo exacto del modelo capitalista que la dirige.
El sistema alimentario se está reduciendo a pasos agigantados a un modelo de agricultura
industrializada controlado por unas pocas empresas transnacionales de la alimentación más un pequeño grupo de grandes superficies de distribución. Un modelo diseñado para obtener
beneficios, y completamente opuesto a su obligación: en lugar de centrarse en la producción
de alimentos sanos, justos y buenos para los pueblos, se dedica a los monocultivos de
agrocombustibles, piensos para animales o plantaciones industriales. Así tenemos que ha
provocado por un lado, una masiva desaparición de fincas agrarias y de las personas que con ellas tenían su medio de vida. Y por otro, la promoción de una dieta alimentaria dañina para la salud y con escasa presencia de frutas, verduras y cereales.
Este modelo industrial de producción es dependiente de energías fósiles finitas; no reconoce la alimitación de los recursos como el agua y la tierra; es responsable de drásticas pérdidas en la biodiversidad y en la fertilidad de la tierra; contribuye al cambio climático; somete a miles de personas a trabajos sin el reconocimiento de los derechos más elementales y conlleva unempeoramiento en las condiciones laborales de las personas agricultoras y trabajadoras. Almismo tiempo, se aleja de una relación armoniosa con la naturaleza. Explotar y tratar la tierra de esta forma es la causa fundamental de la pobreza rural en el planeta y del hambre en más de mil millones de seres humanos (como estamos percibiendo estos días con la crisis alimentaria en el Cuerno de África) mientras que se crea un superávit de alimentos industriales que se acaban desperdiciando en gran cantidad o bien se exportan subvencionados a mercados dentro y fuera de Europa destruyendo las producciones locales.
Sabemos con claridad que esta situación es el resultado de las políticas agrarias, alimentarias, financieras, energéticas y de comercio que nuestros gobiernos estatales, la Unión Europea (especialmente a través de la Política Agrícola Común), las instituciones financieras y las grandes corporaciones han venido imponiendo. Como por ejemplo las políticas de desregulación y liberalización de mercados agrarios o la especulación que se hace con estas materias primas responsable del alza de precios de los alimentos básicos.
El cambio en la dirección de este sistema alimentario disfuncional solamente será posible a
través de una completa reorientación de las políticas y prácticas agrícolas y alimentarias. Es
vital y urgente que logremos rediseñar el sistema alimentario basado en los principios de la
Soberanía Alimentaria, particularmente en Europa.
Por ello, y como alternativa, más de 400 personas de 34 países, desde el Océano Atlántico
hasta los Urales y el Cáucaso, desde el Ártico hasta el Mediterráneo, así como representantes internacionales provenientes de los diversos movimientos sociales y de organizaciones de la sociedad civil, nos hemos reunido entre el 16 y el 21 de agosto en Krems, Austria para dar un paso adelante en el desarrollo del movimiento europeo por la Soberanía Alimentaria.
Construimos sobre los cimientos de la Declaración de Nyéleni del 2007, del Foro por la
Soberanía Alimentaria, celebrado en Malí. El foro en Malí reafirmó el marco de trabajo
internacional para la Soberanía Alimentaria el derecho de los pueblos a definir
democráticamente sus propios sistemas agrícolas y alimentarios, sin poner en riesgo a las
personas o al medio ambiente.
Existen numerosas experiencias y prácticas que se están llevando a cabo aquí y ahora, en los ámbitos locales, regionales y europeos, basadas en la Soberanía Alimentaria, y que
demuestran de que manera puedes ser aplicadas.
Compartimos valores basados en el respeto de los derechos humanos. Queremos el libre
movimiento de las personas, y no del capital y las mercancías, que contribuyen a la destrucción de los medios de vida y fuerza a las personas a migrar. Nuestro propósito es la cooperación y la solidaridad en contraposición a la competencia. Nos comprometemos a reclamar nuestra democracia: todas las personas deben de tener la oportunidad de involucrarse en cualquier tema de interés público así como en el proceso de la elaboración de las políticas, decidiendo de manera colectiva cómo organizar nuestros sistemas alimentarios. Esto requiere la construcción de sistemas y procesos democráticos, libres de violencia, de la influencia de las corporaciones, y basadas en la igualdad de los derechos y en la igualdad de género, que conducirán a la abolición del patriarcado.
Muchos de nosotros y nosotras somos jóvenes que representamos el futuro de nuestra
sociedad y de nuestras luchas. Nos aseguraremos que nuestra energía y creatividad refuerce
nuestro movimiento a través de la participación en la producción de alimentos y el poder
integrarnos en las estructuras y los espacios de decisión.
Estamos convencidos de que la Soberanía Alimentaria no solamente es un primer paso hacia
un cambio en nuestros sistemas agrícolas y alimentarios, sino que también es un paso hacia un cambio más amplio dentro de nuestras sociedades. Estamos comprometidos a:
Cambiar la manera en que se producen y consumen los alimentos
Estamos trabajando por unos sistemas resilientes de producción alimentaria que proporcionen alimentos seguros y saludables para todas las personas en Europa, a la vez que mantengan la biodiversidad y los recursos naturales y aseguren el bienestar de los animales. Esto requiere modelos ecológicos de producción y pesca, y que haya una gran cantidad de campesinos y campesinas, personas que cultivan huertos urbanos y pescadores y pescadoras artesanales que produzcan alimentos locales como base del sistema alimentario. Luchamos contra el uso de transgénicos y cultivamos y recuperamos variedades no modificadas genéticamente de semillas y de razas ganaderas. Promovemos formas sostenibles y diversas de culturas alimentarias, en particular el consumo de alimentos locales, de alta calidad y de temporada, y no los productos de la gran industria. Esto incluye un menor consumo de carne y productos animales, que solamente deberán ser producidos localmente sin la utilización de piensos transgénicos. Nos comprometemos en recuperar y promover las habilidades culinarias y el conocimiento sobre el procesamiento de alimentos a través de la formación y el intercambio de conocimientos.
Cambiar las maneras en que se distribuyen los alimentos
Trabajamos por la descentralización en las cadenas alimentarias, promoviendo mercados
locales diversificados basados en la solidaridad y en precios justos, y en acortar los canales de distribución, intensificando las relaciones entre personas productoras y consumidoras, en
redes locales alimentarias para enfrentar la expansión y el poder de las grandes superficies de distribución. Queremos posibilitar que la gente pueda construir sus propios sistemas de
distribución de alimentos y permitir a campesinos y campesinas producir y procesar alimentos para sus propias comunidades. Para esto se requieren normas sanitarias e infraestructuras locales alimentarias que apoyen a los pequeños productores, hombres y mujeres. También trabajamos para asegurar que los alimentos que produzcamos lleguen al conjunto de la sociedad, incluyendo a las personas con pocos o ningún ingreso.
Poner en valor y mejorar las condiciones sociales y el trabajo en el sistema agrario
alimentario
Luchamos contra la explotación y la degradación de las condiciones sociales y laborales y por los derechos de todas las mujeres y hombres que proporcionan alimentos, así como los
trabajadores y trabajadoras migrantes y temporales, y aquellas personas que trabajan en el
procesado, la distribución y la venta. Trabajamos por políticas públicas que respeten los
derechos sociales y establezcan altos estándares que condicionen la implementación de los
fondos públicos. Esto significa la inclusión de ingresos dignos que permitan un sustento.
Queremos construir alianzas más amplias entre las personas que trabajan dentro del sistema alimentario.
Reclamar el derecho a nuestros bienes comunes
Nos oponemos y luchamos contra la mercantilización y las patentes de nuestros bienes
comunes, como la tierra, las semillas tradicionales y reproducibles de campesinos y
campesinas, las razas de ganado y bancos pesqueros; los arboles y los bosques; el agua, el aire y el conocimiento. El acceso a estos bienes no debe de estar determinado por los mercados o por el capital. A la hora de utilizar estos recursos comunes debemos garantizar el respeto de los derechos humanos, el equilibrio de género, el beneficio del conjunto de la sociedad y el respeto de los derechos de la madre tierra. Nuestros bienes comunes deben ser manejados a través de la gestión colectiva, democrática y del control comunitario.
Cambiar las políticas públicas de gobernanza de nuestro sistema agrario y alimentario
Luchamos para cambiar las políticas púbicas que gobiernan nuestro sistema alimentario a nivel local, nacional, europeo y global y para deslegitimizar el poder corporativo. Las políticas públicas deben ser coherentes, complementarias y deben promover sistemas alimentarios y culturas alimentarias basadas en la materialización del derecho a la alimentación; deben erradicar el hambre y la pobreza; asegurar la realización de las necesidades básicas de los seres humanos; y contribuir a la Justicia Climática, en Europa y a nivel global. Necesitamos marcos legales que garanticen precios justos y estables para las personas productoras de alimentos, que promuevan prácticas agroecológicas, que internalicen los costes externos en los precios y que implementen la reforma agraria. Estas políticas deben tener como resultado un incremento del número de campesinos y campesinas en Europa. Las políticas públicas deben ser diseñadas con la ayuda de la investigación financiada públicamente que responda a las demandas sociales para alcanzar los objetivos ya mencionados. Deben asegurar que se prohíba la especulación alimentaria y que no se pongan en riesgo los sistemas y culturas alimentarias locales y regionales, a través del dumping o el acaparamiento de tierras en Europa, particularmente en Europa del Este y en el Sur Global. Trabajamos por nuevas políticas agrícolas, alimentarias, energéticas, de semillas y comerciales por la Soberanía Alimentaria en Europa que tengan eco a nivel internacional. De manera particular, estas deben incluir: una Política Agrícola y Alimentaria diferente, la eliminación de la Directiva Europea sobre los agrocombustibles y una gobernanza global del comercio agrícola internacional localizada en la FAO y no en la OMC.
¡Hacemos un llamamiento a la población y a los movimientos sociales en Europa para que
nos comprometamos juntos en nuestras luchas para tomar el control de nuestros sistemas
alimentarios y para construir el Movimiento por la Soberanía Alimentaria en Europa YA!